Es curioso, cuando de repente, fingimos ser lo que fuimos y hace tiempo dejamos de ser.
Apariencias.
Me sorprende esa facilidad que tenemos para quitarle importancia a lo que realmente nos ocurre... O quizá es que sólo yo lo siento así.
Inseguridad.
Y de verdad, me encantaría poder hacerlo... poder fingir que estoy bien, mientras veo que la vida sigue y me siento incapaz de gritar que aquí estoy.
O mejor dicho, que aquí he estado siempre aunque parece que eso, tampoco cuenta ahora.
Cansancio.
Y aunque en el fondo de mí algo me dice que vale ya de sentirme menos; de aguantarme las ganas de explotar y poner las cosas en su sitio; mi otro yo no tiene fuerzas, y acabo haciendo lo de siempre.
Callar y sonreir cuando toca.
Callar y sonreir cuando toca.
Pero cada vez con menos intención de cambiar las cosas. De verme fuera de nuevos planes que parecen llenar las tardes de un fin de semana, parecen flotar en los cafés y cubrir los momentos que no hace tanto, planeábamos con tanta emoción en el patio de un colegio.
No puedo.
Carretera, manta, y ya vendrá otra preocupación.
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