9.11.10

mi refugio

 


Existe un lugar en el mundo, al que me encanta ir desde que era muy muy muy pequeñica. Allí, los días parecen tener cuarenta y ocho horas.. el sol parece brillar un poco más, y no hay lugar para las preocupaciones. Algunos pensarán que es un sitio aburrido, ajeno al mundo actual. Anticuado.

En invierno, apenas cinco habitantes. En verano, unos cien. No hay tiendas, y hasta hace poco, ni cobertura, ni internet, y poca señal de televisión. Pero tiene otras cosas que lo hacen único. Tranquilidad entre ellas. El cariño de sus gentes. El aire sano. Un cielo estrellado que hasta da miedo.

Allí pasé gran parte de mi infancia, cada verano, con mis abuelos. Allí aprendí a ir en bicicleta, a coger agua de una fuente, a pasear entre rebaños de ovejas. A dar de comer a las gallinas o a disfrutar de una verbena de pueblo. A inventar leyendas o historias mientras nos colábamos en casas abandonadas, o en corrales por la sierra.
Allí vuelvo cada vez que puedo, y me gustaría seguir haciéndolo mientras pueda. Desgraciadamente, los inviernos cada vez son más fríos cerca del Moncayo.. y los veranos cada vez más complicados para aquellos que vivimos en la sociedad del estrés, y se nos olvida, que a veces, las cosas más sencillas son las que más felices nos hacen.

Un pequeño pueblo de Soria, que como muchos tantos, cada vez está un poco más triste. Sin embargo, yo sigo igual de enamorada de él que cuando era pequeña, y por eso, aunque lejos, lo recuerdo con mucho cariño. 

T a j a h u e r c e.


.

No hay comentarios:

Publicar un comentario