Y tu piel es blanca como esta mañana de enero demasiado hermosa como para ir a trabajar. Sin pestañear hablamos con el jefe un cuento chino y, como niños, nos volvemos a acostar.
Se supone que debía ser fácil ¿Tienes frío?
Pero a veces lo hago un poco difícil.
Perdón.
Suerte que tú ríes y no te enfadas porque eres más lista y menos egoísta que yo.
¿Todavía tienes frío? Bueno, cierra los ojos un minuto que te llevo a un lugar...
Hablamos, callados.
La luna, la sal, tus labios mojados.
Subimos a casa, hacemos el amor y sudamos tanto que nos deshidratamos. El tiempo se para, el aire no corre. Mosquitos volando y grillos cantando y tú a mi lado muriendo de sueño. Cansada, contenta, me pides un cuento y yo te lo cuento, más bien me lo invento.
Y te duermes… Vivan las noches.
El sol, la sal en tus labios. Al principio, como siempre, dormimos abrazados y cuando ya suspiras me retiro a mi espacio. Me gusta dormir solo a tu lado de la cama, de esta cama ahora repleta de mantas en esta mañana fría, fría, fría. Congelada.
Facto Delafe y Las Flores Azules.
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